La economía y la filosofía de la moral

 

Hace tiempo leí un libro de Mathew Forstater, el cual comentaba, en versión reducida y para cada etapa histórica, los principales autores y economistas que habían contribuido con sus ideas al pensamiento económico, generando conceptos tan importantes hoy en día como “economía”, “mercantilismo”, “macroeconomía” o “microeconomía”. Estas ideas, que finalmente compusieron las llamadas ‘escuelas de pensamiento económico’, han influido de forma decisiva en nuestro modo de vida.

Quizá, en pro de mis propios ideales sobre temas de índole filosófico-político, me he sentido identificado con diversos autores que conformaron la llamada ‘etapa económica pre-clásica” que, realmente, no hacen más que generar las bases de las futuras escuelas de pensamiento económico y establecer una interconexión entre la economía y la filosofía de la moral.

Aristóteles es uno de estos autores. En su obra capital, ‘Política’, llegó a identificar dos tipos de actividades productivas y distributivas en la antigua sociedad griega, una a la que llamó economía (entendida como una gestión doméstica) y otra llamada chrematistiké, que implicaba hacer y prestar dinero. Aunque en la actualidad la economía, como concepto, abarque el término chrematistiké, me resulta muy destacable la idea de este filósofo, al determinar que la economía era vista como algo no natural, es decir, la idea de hacer dinero del propio dinero era algo innatural.

Por si fuera poco, en el libro V de 'Ética' a Nicómaco, Aristóteles reconoció que los intercambios tienen tanto una vertiente moral como analítica. Dicha dimensión moral fue recogida por un teólogo, harto conocido, llamado Santo Tomás de Aquino, que en su gran obra del siglo XIII, 'Summa Theologica', añadió una dimensión moral al análisis económico, enfatizando la necesidad de hacer el bien por encima de hacer dinero. En su obra, cuestión 77, Santo Tomás de Aquino llegaba a múltiples conclusiones, llegando a determinar que en las transacciones humanas no es moral efectuar una venta por un precio mayor a su justo precio (posteriormente este coste sería llamado precio de coste o coste de producción, según el origen). Igualmente, en la cuestión 78 se trataba el “pecado de la usura”, llegando a determinar que no era moral cobrar intereses por los préstamos realizados.

Otro de los autores pre-clásicos que aparecía en el libro era Ibn Jaldún, historiador y político musulmán, el cual formuló un método de análisis que combinaba la economía, sociología, política, historia y filosofía moral, en análisis semejante al realizado por Adam Smith en 'La riqueza de las naciones'. Además de proporcionar la base para la creación de la curva de Laffer, curva que demuestra que un incremento impositivo puede reducir la recaudación, este pensador también anticipó el concepto de cohesión social derivado del “sentimiento de hermandad” o empatía, presente en la teoría de Adam Smith, diferenciando entre las “necesidades sociales” y las “necesidades morales”.

Thomas Mun ha sido otro de los escritores escogidos por el autor para dar rienda suelta a la economía preclásica. El motivo es obvio: Thomas Mun propuso las llamadas teorías mercantilistas o ‘mercantilismo’, conocido en economía como aquel sistema que mantiene que la prosperidad de una nación depende de su flujo de capital y que el volumen global del comercio es inmutable. Por tanto, la mejor manera de “enriquecer” a un país consiste en promover una balanza comercial positiva, ya sea favoreciendo exportaciones como desincentivando las importaciones mediante aranceles.

Finalmente, no podemos dejar pasar a John Locke, filósofo político británico, que formuló teorías sobre la propiedad y acumulación del capital. Según este filósofo, se debían establecer dos criterios para el juicio: la razón y la revelación, afirmando que todas las empresas tenían derecho a la subsistencia y a disfrutar de los privilegios de la naturaleza, que ésta proporciona para el mantenimiento de la vida, así como que Dios dio la propiedad a toda la humanidad en su conjunto. En este sentido, determinó que el trabajo que cada cual realiza con sus propias manos debe pertenecerle, dentro de toda la propiedad colectiva/natural del ser humano.

Atentamente,

 

Álex Melic Montañés