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Bondad nº 85: Evita la envidia

 

Estimad@s lector@s:


En consonancia con la entrada anterior, la cual tiene que ver con las comparaciones, se hace necesario tratar con otra emoción que puede aparecer (no siempre) al compararnos con los demás. Se trata de la envidia.

A pesar de que suele hablarse de la envidia sana y la ‘pura y dura’, opino que ambas son nocivas (cada una en cierta forma), pues tienen que ver con la comparación de nuestra vida con la de los demás, en términos de las circunstancias del presente. Cuando nuestra situación no es igual a la de la persona comparada, surge esta emoción negativa y nociva, un veneno interior que irrita, frustra y entristece.

El antídoto recomendado por los budistas para este veneno suele ser el amor. Y no les falta razón. Aparte de entender, como dijimos en la bondad anterior, que las comparaciones son odiosas y no generan nada bueno, tampoco lo hace la envidia, que no es más que un reflejo de apego por lo que el otro es o tiene.

El apego, la comparación y el conjunto de emociones negativas generadas forman parte de este antiguo veneno que corroe las entrañas más profundas y que sólo puede irse respetándonos a nosotr@s mism@s y a los demás, deseándoles lo mejor; aceptando nuestras circunstancias y queriéndonos más si cabe. Es decir, amándonos a nosotr@s mism@s y al resto del mundo. Con una fuerte autoestima, prácticamente nada nos puede hacer un daño emocional.

Si sientes envidia, analiza en privado el motivo que te lleva a pensar eso y comprenderás que la otra persona no tiene culpa, sino tú mism@ al tener ciertos pensamientos negativos que te inducen a envidiar.

Quiérete más a ti mism@ y saldrás indemne de tal veneno.


Atentamente,



Álex Melic Montañés