Bondad nº 51: Ríete de ti mismo y con los demás (pero no de los demás)

 


Estimad@s lector@s:


En muchas ocasiones nos encontramos con emociones semejantes a la vergüenza, al situarnos en hechos donde en realidad lo mejor que podemos hacer es reírnos de nosotros mismos (por ejemplo, un tropiezo o un comentario inocente que nos sale impulsivamente).

¿Por qué no? ¿De qué sirve la vergüenza y la inseguridad?



Desde luego, para nada bueno hacia nosotros mismos.

Sin embargo, reírnos de nosotros mismos nos permite introducir un ápice de humor (incluso de autoestima) al no dar importancia a un determinado suceso que, por cierto, le puede pasar a cualquiera.

La risa ‘sana’ ocasiona emociones positivas para ti mismo y los demás, quita redundancia a actos poco importantes y nos permite avanzar. Es la risa que utilizamos para reírnos de nosotros mismos según he expuesto en párrafos anteriores, pero también es la risa que utilizamos para reírnos con alguien sobre un suceso o comentario, siempre y cuando tal risa no tenga componentes tóxicos.

La risa ‘tóxica’, en cambio, la que utiliza cualquier persona para reírse de alguien en mal sentido, es perjudicial para la colectividad, porque propicia críticas, bromas de mal gusto y sufrimiento a los demás. Es un tipo de risa que ‘no ayuda’ al desarrollo emocional tuyo y de los demás (por ejemplo, un desconocido se cae en la calle y tú te partes de risa, sin ayudarle si quiera a levantarse).

Y es que no es tan gracioso aquel hecho en el cual intervenimos como protagonista que aquella situación en la cual somos meros observadores. La cosa cambia y la mayoría de personas esperan que si ocurre un hecho donde ellos intervienen, lo mínimo que pueden hacer los observadores es intervenir, ya sea ayudando o potenciando nuestro desarrollo social y emocional, no perjudicando al protagonista.

Es por ello que nuestra bondad de hoy es triple:

- ríete de ti mismo en aquellas situaciones en las que lo requiera. Potencia el desarrollo de tu autoestima y resta importancia a determinados hechos, impidiendo la aparición de emociones negativas.

- ríete con los demás (recalco la preposición ‘con’) siempre que el protagonista de la situación también se ría de ella.

- no te rías de los demás (recalco la preposición ‘de’), porque provocas el sufrimiento de los demás, aunque creas que se trata de un momento espontáneo y puntual. Ayuda a los demás en todo lo que puedas. ¡Es tu labor!


Atentamente,



Álex Melic Montañés